Opinión de la subsecretaria en El Mercurio: Nivelar la cancha desde el inicio

A lo largo de mis 28 años de experiencia en educación, he visto cómo las disparidades educacionales de origen constituyen una barrera infranqueable, difícil de revertir. Hacer esfuerzos a temprana edad es más efectivo, y también menos costoso, dado que en esa etapa el cerebro de los niños está en su máximo potencial de desarrollo. En rigor, es antes de los tres años que debemos llegar con programas de calidad, que junto con desplegar al máximo las habilidades de nuestros niños y niñas, fomentan en ellos el gusto por aprender.

Una de las principales dimensiones del desarrollo infantil en que se concretan estas desventajas que debemos corregir, es la del desarrollo del lenguaje. El estudio de Hart y Risley, “La brecha de los 30 millones de palabras”, concluye que aquellos niños provenientes de los hogares más desfavorecidos tienen un tercio menos de oportunidades de escuchar más vocabulario a través de conversaciones dirigidas hacia ellos, en comparación con los niños que pertenecen a hogares de nivel cultural alto. Esto se traduce en que, a igual edad, los niños de hogares vulnerables manejan un poco más de 600 palabras, mientras que los del otro grupo casi 2.200.

Desde el Gobierno hemos impulsado una serie de programas para fortalecer el lenguaje. Ya son 2.200 escuelas públicas con el set de “Las prácticas intransables”, orientadas a favorecer un ambiente lúdico y a la vez letrado. Asimismo, a través del programa “ALMA”, se está accediendo a más de 500 padres y cuidadores de niños de pre-kínder y kínder, con talleres de lectura dialogada como fuente de conversaciones y juegos para el hogar. Adicional a esto, desde marzo, los jardines infantiles VTF, donde asisten los niños más vulnerables, con más de 70 cuentos seleccionados, material de apoyo y actividades sugeridas.

Además, junto a la Subsecretaría de la Niñez hemos impulsado los “5 principios básicos” para interactuar con niños menores de tres años, convencidos del rol fundamental de las familias en su tarea de estimular el desarrollo de sus hijos desde sus primeros años. Estos principios, basados en la evidencia, proponen prácticas sencillas que fortalecen la interacción con niños pequeños.

Estos avances continúan la línea que el Mineduc ha impulsado los últimos años para fortalecer la Educación Parvularia. Sin embargo, no es suficiente: hoy solo 1 de cada 2 niños asiste a un jardín infantil. El camino para avanzar con decisión es a través de la aprobación del proyecto de ley Equidad en Educación Parvularia, enviado al Congreso por el presidente Sebastián Piñera en enero de 2019, el cual crea una subvención inédita para los jardines infantiles, permitiendo el aumento de cobertura y garantizando los recursos para dar calidad. Su aprobación reducirá la desigualdad social y las brechas educativas que existen en los hogares más vulnerables de Chile, permitiendo que los 200 mil niños que hoy no asisten a un jardín infantil de calidad puedan hacerlo dentro de los próximos años.

Poner a los niños primero implica aprobar proyectos de ley como este, que en concreto emparejan la cancha desde los primeros años. En esta política pública no hay opción de equivocarse, se empezará con ella a hacer justicia con un sector que ha sido por años postergado en las políticas educacionales, quizás porque no están en la calle, no paralizan, no participan en tomas ni hacen “vocerías”.

Cuando hoy se habla, y con razón, de disminuir las brechas y segregación, eso no puede intentar hacerse solo al llegar a la Educación Superior. Es fundamental, para prevenir tanta frustración de jóvenes que hoy ven intranquilos su presente y futuro, avanzar en igualdad de oportunidades desde su nacimiento.